Decidí empezar esto ya que tengo muchas cosas que decir... y nadie, o casi nadie, a quién decirlas.
Hoy empezaré por contar el antes y después de Barcelona.
Yo no sabía que me iba a ir a España... estaba esperando respuesta de un trabajo. Pero esa llamada, esa tarde cambió la situación negativa y deprimente que estaba viviendo. Me sentía muy perdida, desolada... y esa tarde todo cambió... '¿puedes viajar a Barcelona el lunes?'. Son palabras que no esperé oír así, de golpe y porrazo.
Pues me fui a Barcelona el lunes. Me monté en ese avión para ir a España... 12 horas de vuelo. En esas doce horas pensé mucho. Y llegó un momento en la noche, cuando los demás pasajeros dormían, que empecé a llorar nuevamente. Y fue ahí cuando pude ponerle nombre, o explicación, a lo que sentía: estaba volando a miles de metros por encima del mar... rodeada de gente... pero no conocía a ninguna, y ninguna me conocía a mí. Estaba rodeada de extraños, sola y encima de un océano inmenso...un pequeño punto. Te lloré por última vez en ese avión... y ahí comencé a aceptar lo que la razón ya sabía de sobra.
'¡Depúrate!'... parecía que me gritaba la razón; '¡depúrate!'
Esa noche que pisé Europa salí a caminar acompañada de una persona que acababa de conocer ese día; no sabía nada de mí, ni yo de él. No sabía que detrás de mis ojos empequeñecidos había pena y dolor... simplemente pensaba que era el cansancio normal del vuelo.No sabía nada de mi ni de mi historía anterior a esas 20 horas que llevábamos de conocernos. Y así me brindó una sonrisa.
Caminando por las calles desconocidas de Barcelona dimos vueltas en un lugar que ninguno antes había visto... todo era nuevo. Y no sé para él, pero para mi esa novedad empezó a reparar un poco mi quebrada mente... se me iluminaron los ojos de nuevo. Estaba frente a algo maravillosamente desconocido: las calles tibias de Barcelona. Y entonces pensé en 'D'... él había vivido ahí, me había platicado... y pensé 'ojalá estuvieras aquí'. Pensé en que un guía de aquella ciudad tibia y relajada sería lo ideal.
Al final 'D' no iba a viajar para allá... así que debía descubrirla sola.
Y sola la descubrí, mi nuevo amigo se fue, así que en 3 días vague esas calles sola... moviéndome al principio como una turista; después, al conocer ya algunos caminitos, me intentaba mover como lugareña. Nadie me veía como extraña... sentí las miradas de ¿admiración? sobre mí... me volteaban a ver... tal vez no por ser la más bella; prefiero pensar que me miraban por irradiar algo que estaba gestándose en mí y exudando por mi piel, algo atractivo... algo así como un aroma que te hace girar... y empecé a sentir paz... en mi mente.
Estaba ahí sola, en una ciudad desconocida, sin dinero (pregunten de eso a la organizadora del viaje y la falta de viáticos)... y aún así me sentí mejor que lo que me había sentido en muchos meses. Estaba sentada viendo al Mediterráneo, el sol me quemaba los hombros, el aire me despeinaba... estaba ahí sola, y era feliz.
Para mí, Barcelona llegó a curar algo que creí incurable; llegó a darle tibieza a mi cuerpo... Barcelona me devolvió un poco la vida...
Me dolió dejar la ciudad. Pero llegaba a México a vivir una nueva y mejorada etapa laboral, una etapa que a pesar de no dejarme mucho tiempo para dormir, me está dejando una sonrisa en el alma.... además de una vista preciosa (trabajo en un piso trece.. VEO TODA LA CIUDAD!)
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