lunes, 6 de mayo de 2013

Y cuándo algo se acaba... ni cómo hacerle.

Hace unas semanas estaba en una encrucijada (aaaaaaahhhh que sea menos!) sobre si debía darme una oportunidad con 'A', o seguir insistiendo con 'B'.

Bueno... 'B' es guapo y así, pero está medio piedra. No captaba las 'indirectas más-directas-que-una-cagada-de-pajaro-en-el-hombro; muchas veces le dije que me gustaba y que quería ver que onda con él. Acto seguido: el infame desaparecía, así, sin más. Eso me llenaba de ira al principio. Después dejó de importarme.

Ahí estuvo la falta de él, y empezó la resolución mía.

Por otra parte, 'A' comenzó siendo un cuate más. Sí, estaba cotorro echar plática con él y así, la verdad es que no se veía por ningún lado que fuera a haber nada.

Pero 'A' me fue ganando poco a poco con pláticas, risas, chistes, tontear juntos... hasta me regañaba por mi onda con 'B': me decía que era una mensa por dejar pasar las cosas que me hacía.

En fin, hace un par de semanas mi 'encrucijada' terminó: comprendí que quién realmente merece mi atención y mi cariño es 'A', y que yo merezco alguien como él, así de tierno y atento. En cambio 'B' jamás cambió conmigo, siempre fue sólo el dude cool que se dá su taco... nada más.

'B' se ha terminado... y yo me he curado de mi estupidez (por ahora).

No hay comentarios:

Publicar un comentario